BLOG CRONICA CHINA - ChE XianZai http://www.chinoesfera.com/xianzai.php XianZai - Aprender chino mandarín con Chinoesfera es El Pekinazo http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=75 Mon, 18 Mar 2013 20:56:00 +0000 Diego Gestoso 40.417 -3.702 Pekinazo: dícese del sufrimiento agudo y repentino que puede experimentar un extranjero en Pekín cuando las cosas no ocurren como esperaba.
Síntomas: desesperación, tristeza, ira, añoranza del hogar, racismo exacerbado, hambre calagurritana, entre otros.
Tratamiento: paciencia, buen humor, respiración profunda, silencio, descanso.





No es ninguna tontería. Se trata de un mal que afecta a cualquier extranjero en Pekín en algún momento de su estancia. Si se localiza a tiempo es curable y puede pasar a la categoría de anécdota, pero si se extiende y se agrava, la salud mental y la propia permanencia del paciente en China están en juego.

Cualquier situación habitual es susceptible de desembocar en una manifestación del temible pekinazo. Afirmarán algunos: “Yo soy muy flexible, estoy a salvo de pekinazos”. Craso error. No se lleven a engaños: todos y cada uno de nosotros estamos expuestos al pekinazo. En cualquier momento el pekinazo puede echársele encima y arruinarle el día. Podemos diferenciar dos tipos de pekinazo: el que ataca al recién llegado debido a hechos puntuales y el que asalta al ya residente habitual a causa del desgaste.

Durante los primeros días, y esto incluye también a los turistas, pequeñas diferencias de las costumbres locales con las propias son caldo de cultivo para el pekinazo. El idioma, por supuesto, es el mayor de los conflictos. Tanto para quien no lo conoce como para quien, habiéndolo estudiado, no consigue comunicarse. No deje que el pekinazo le invada si tras veinte horas de viaje transcontinental desde su país no entiende la peculiar forma de hablar del taxista de Pekín que le recoja en el aeropuerto. Tenga también en cuenta que existen en la ciudad personas que tratan habitualmente con extranjeros y saben jugar con su vulnerabilidad y desconocimiento. Huelga decir que la mejor manera de evitar este obstáculo es practicar mucho el chino; pronto llegará un punto en el que aprovechará las situaciones de incomunicabilidad para perfeccionar sus conocimientos de la lengua. La frase 我听不懂 (wo3 ting1bu4dong3, algo así como “yo oigo pero no comprendo”) es un básico que será su salvavidas y su forma de pedir un poco de cuartelillo. Usar el inglés suele ser en vano fuera de las mayores atracciones turísticas. Una buena dosis de amabilidad, sencillez en los conceptos, calma y persistencia suelen valer para comunicar lo esencial.





El siguiente foco de tensión puede ser la comida. Le guste o no la comida china en su país, al llegar aquí se sorprenderá. La variedad de platos en cualquier restaurante, desde los elegantes restaurantes de Wangfujin o Sanlitun hasta las tascas de barrio pasando por las cantinas de las universidades, es tan sobrecogedora que es imposible que le guste todo. Cuando encuentre algo que le desagrade, no se ofusque en lo terrible que le parece la comida en China, pase a lo siguiente. Tarde o temprano encontrará un puñado de platos con los que su exigente paladar quedará satisfecho. No se contente con las malas y sobrepreciadas versiones de platos de su país que encontrará en Pekín. Ni se abone tampoco a las decenas de cadenas de comida rápida que abundan en cada esquina. Siga intentándolo y encontrará sabrosos platos.

Mención aparte merece el uso de los palillos (筷子 kuai4zi). Es sabido que en el Imperio Central los tenedores (叉子 cha1zi) suelen brillar por su ausencia, por lo que intentar encontrarlos a toda costa es abrirle las puertas a uno de los pekinazos más contundentes. Unos pocos días de práctica serán suficientes para poder usarlos. Como siempre, déjese guiar por el uso de los locales, pero no se obsesione por alcanzar su grado de manejo. En cualquier caso, siempre podrá recurrir a la cuchara (勺子shao2zi).





La tercera gran fuente de inestabilidades son los desplazamientos. En China, donde la soledad no se puede concebir, la masificación permanente en la calle y en los transportes públicos puede agobiar al extranjero. El curioso funcionamiento del metro de Pekín o la emocionante y misteriosa experiencia de coger un autobús de la capital, conducido habitualmente por algún maníaco, son otras de las vivencias obligadas pero que no debe permitir que le supongan un pekinazo. No pierda tiempo y energía maldiciendo una normativa vial en apariencia inexistente y el uso desmedido del claxon. Una vez más: calma, siga a los locales (especialmente en los pasos de cebra) y a tomárselo con humor. Esto último lo entenderá cuando vea las carreritas por tomar asientos.





Amantes de la comida china, expertos usuarios de palillos, esforzados estudiantes de chino, conocedores del transporte pekinés: ¡no se me relajen! El pekinazo sobrevuela sus cabezas como un cóndor esperando un momento de debilidad. Ya está usted más que habituado a su vida en China, no quiere que nadie le venga a ver, es usted un Matteo Ricci contemporáneo. Sabe perfectamente de las esperas necesarias en un banco chino, ya las vivió los primeros días para cambiar dinero cuando le contaban los billetes hasta cinco veces, le hacían firmar varias veces y le tomaban fotos. Sin embargo, tres horas y media (verídico) en un banco para recibir el dinero de una transferencia pueden mermar su imperturbabilidad y hacerle buscar billetes de vuelta. Amigo, aquí tiene al pekinazo del desgaste, ese Gebrselassie que le ha adelantado a diez metros de la meta. No decaiga, no se marche pensando que China ha podido con usted. Todavía le queda comprar un billete de tren para visitar otras ciudades. ¿Quién podía imaginar que una estación podía tener cuatro taquillas diferentes y que las iba a conocer todas en la misma media hora? Si además pretende tomar un tren nocturno tendrá que hacer entender si quiere una cama dura, (硬卧ying4wo4), lo más recomendado, blanda (软卧 ruan3wo4) o el despiadado pero asequible asiento duro (硬席 ying4xi2).

Querido lector, esta ha sido una reflexión surgida tras un mes plagado de descubrimientos, adaptación a nuevas rutinas y estudio de chino. Esta bitácora condenada bebe de los momentos peculiares que ocurren en la vida cotidiana, sin ella no tiene sentido. Por ello le pido disculpas y comprensión por mi retraso en enviar nuevas publicaciones. No sirva este relato para abrumar a nadie sino, por el contrario, alentar al visitante a que conozca los vericuetos de Pekín, sabiendo que a todos nos ocurren los mismos problemas. Lo importante es saber afrontarlos. Cuando usted se creía invencible, todo un pekinés (北京人 bei3jing1ren2), llegó la fatídica tarde del banco. El pekinazo acecha en cada esquina, dispuesto a adoptar formas siempre imprevisibles. ¿Acaso se le ha ocurrido comprar champú en China? La palabra confusión toma dimensiones nunca antes conocidas: tal amalgama de olores extraños y ninguno placentero pueden provocar verdadero desasosiego. No se relaje en su estancia en Pekín, disfrute siempre alerta.

Pekín, 18 de marzo de 2013.
Soplan vientos de primavera.
Nos leemos. ]]>
Chinoesfera XianZai Chinoesfera XianZai http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=75
Metro de Pekín http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=66 Sat, 16 Feb 2013 08:08:00 +0000 Diego Gestoso 40.417 -3.702 Soy más bien indeciso y todo lo repienso. Demasiado. Es por esto que a pesar de llevar casi dos semanas en Pekín no me podía decidir a escribir sobre ninguna de las mil pequeñas historias que forzosamente le ocurren a uno cuando aterriza en lo desconocido. Tenía ideas pero algunas eran demasiado triviales, mientras que otras muchas requerían verdadero conocimiento e investigación. Las visitas turísticas, los mercados y el regateo, los horarios, el uso del idioma, el tráfico, el frío, la contaminación, los callejones (胡同 hu2tong4), la búsqueda de piso, los escupitajos, el Año Nuevo, los fuegos artificiales, la comida, personajes como el cocinero del hotel de los primeros días, Pepe el guía turístico chino que aprendió español por internet en pocos meses, mi casera o los compañeros de piso. Un sinfín de posibilidades que bien narradas podrían ser interesantes pero sobre las que tenía dudas de conocer lo suficiente. Rescataremos las valiosas en su momento.

En estas reflexiones andaba yo una mañana cuando me di cuenta de que hay algo que reúne un poco de todas estas historias y que ya conocía. Estaba montado en ello. El metro de Pekín (北京地铁 bei3jing1di4tie3) es una pequeña muestra en movimiento de casi todo lo que se puede encontrar en esta ciudad. Desde la Olimpiada está en plena expansión y ya es una enorme red que sirve a ocho millones de personas cada día. A las quince líneas operativas hoy se le sumarán otras siete en los próximos cuatro años.

Veamos qué se encuentra uno en el metro de Pekín. Las similitudes en ciertos aspectos y las diferencias en otros con respecto a diferentes suburbanos son asombrosas. Tras acceder por alguna entrada (出口chu1kou3) de una estación (地铁站 di4tie3zhan4) lo primero que se va a encontrar el viajero es un control de seguridad en el vestíbulo. Durante las Juegos Olímpicos se implantó la obligación de pasar por una máquina de rayos X los bolsos y mochilas que aún hoy se debe cumplir. La seguridad (安全 an1quan2) es la palabra más repetida en todo el metro. Aquí habrá dos o tres policías uniformadas de azul oscuro, siempre mujeres muy jóvenes. Una de ellas es la encargada de, tras un cristal, mirar la pantalla del escáner de bultos, aunque suele relegar esta función en favor del sagrado arte del dormir en una silla. Esta es una tarea esencial en el medio de transporte más utilizado de Pekín y es cuidadosamente ejercida por varios personajes en cada estación. Los chinos del sur, de hecho, dicen que este es el deporte que mejor practican los habitantes al norte del Yangtsé (长江 chang2jiang1).

El siguiente paso será hacerse con un billete. Este es un proceso cuanto menos curioso. La tarifa es bastante económica, sobre todo viniendo de Europa: por dos yuanes (¡Veinticinco céntimos de euro!) puede uno realizar cualquier trayecto. El precio, junto con la extensión de la red, explica la variedad de pasajeros que se puede encontrar. Para hacerse con el billete existen dos opciones, ambas peculiares. En ventanilla tendremos a otra mujer uniformada dispuesta a ayudarnos a mejorar nuestra pronunciación de chino: hasta que no articule usted con claridad todas las sílabas con sus correspondientes tonos en una frase con sentido no obtendrá sus pases. Siempre le quedará el recurso de hacer señas con las manos y aguantar la mirada condescendiente. Una vez entregado el dinero, la mujer lo contará, al igual que los billetes y las vueltas, una media de cuatro veces. Si usted se decide por la máquina sepa que deberá tener preparado el dinero en monedas. Aparentemente la máquina acepta billetes pero todavía no se ha dado el caso de que no los devuelva una vez introducidos, según me informan y he podido comprobar. Por qué las máquinas tienen alergia a los billetes chinos es un misterio que posiblemente nunca podamos resolver.

Prosigamos el viaje. Los pasillos que recorrerá, amplios para dar cabida a las marabuntas de gente que los transitan, divididos con barreras que canalizan la circulación, están decorados con anuncios bastante estrambóticos y repetitivos y le llevarán tarde o temprano a alguna escalera. He aquí el drama de las escaleras. Algún ser maligno controla las escaleras mecánicas para que, aunque haya varias, se dirijan siempre todas en un único sentido: el contrario al de la mayoría de la gente. Además, el porcentaje de escaleras averiadas sin nadie reparándolas es pasmoso. Una de las pequeñas singularidades del metro de Pekín es que la norma dorada no escrita de los metros europeos para las escaleras automáticas (manténgase a la derecha si no va a avanzar, deje la izquierda libre) es algo desconocido a pesar de haber una clarísima y enigmática, por su falta de uso, línea amarilla pintada en cada escalón dividiéndolo en dos mitades. Dentro de poco descubrirá que no son las únicas normas y líneas amarillas olvidadas.

Una vez llegue al andén tendrá que elegir el sentido de su viaje, para ello hay muchos carteles con información bien clara, siempre que se maneje con los nombres de las estaciones, claro. Este es un detalle que requiere cierta pericia. Una vez en su andén verá en las pantallas suspendidas información en chino y en inglés sobre el tren, así como la señal de la señal de la televisión del metro, a la que dedicaremos su merecidísimo comentario. En el suelo unas nuevas líneas amarillas marcan muy convenientemente en qué puntos del andén quedarán las puertas del tren, qué espacio se debe dejar libre y qué espacio se debe ocupar para esperar.

Mientras espera, tómese un segundo de tranquilidad y respire. ¿Lo nota? ¿Esa pequeña sensación en la nuca? ¿Todavía no? Camine unos pasos… ¿Ha visto a esa mujer? ¿Y a aquel hombre más allá? Correcto. Le miran a usted. No se preocupe, no ha quebrantado ninguna norma ni pretenden hacerle nada. Simplemente le observan. Desde que descendió usted al metro ha sido minuciosamente observado, por si no se había dado cuenta. A pesar de ser Pekín una de las ciudades más visitadas de Asia y tener una población extranjera relativamente alta (dentro de las proporciones chinas), la presencia de un europeo sigue despertando la curiosidad de muchos de sus habitantes. Las escenas, una vez asumida la posición de alienígena, llegan a ser verdaderamente cómicas: personas que aguantan la mirada sobre uno durante trayectos enteros, gente que señala y comenta con sus parejas detalles de su aspecto, señores mayores pendientes de su más leve movimiento para indicarle cómo avanzar, hombres que le escudriñan frente a frente desde el escalón inmediatamente superior al suyo en la escalera mecánica, familias que se ríen y animan a los niños a acercarse,... Puede que hasta le hagan alguna foto encubierta. Sobran los ejemplos, pero son anécdotas divertidas.

Se da la particularidad de que, en caso de encontrarse varios extranjeros, en vez de reunirse, aguantar juntos y avanzar en formación tortuga, lo más habitual es que se separen una buena distancia con la que, sin perder el contacto visual, el protagonismo de cada uno permanezca intacto. Esta popularidad es especialmente alta con los niños pequeños, que miran absortos y con media sonrisa a cualquier extranjero. Por cierto, todavía está por llegar el momento en el que se oiga a un niño decir una palabra más alta que la anterior, llorar o tirar el zumo. Amy Chua ya adujo razones para esta situación.

Una forma de desconcertar a medio vagón es preguntar a alguien en chino si va bien dirigido hacia su destino. No importa que usted conozca perfectamente la línea, el hecho de oír a un extranjero (老外lao3wai4) hablar chino sorprende a muchos chinos de un modo positivo.

En el andén durante las horas punta verá unas aparentemente amigables señoras más bien mayores vestidas de amarillo. Portan un micrófono con un altavoz y se encargan de organizar el tráfico de personas por los andenes. Estas semanas los viajeros son menos por ser las vacaciones de Año Nuevo, pero parece ser que en los momentos de mayor afluencia son ellas, con sus guantes blancos, quienes empujan a los pasajeros al interior de los trenes. La fecha también hace que el metro se convierta en una pasarela de regalos, bolsas rojas brillantes y paquetes esmeradamente envueltos. La gran mayoría son botellas de licor chino (白酒 bai2jiu3), paquetes de pastas y dulces o pato laqueado a la pekinesa (北京烤鸭 bei3jing1kao3ya1). En los andenes también hay algún señor, uniformado de azul oscuro y sentado en una garita, encargado de ejercer el arte de dormir en la silla también a esta profundidad. La seguridad suele correr a cargo de un soldado de unos 20 años que en ocasiones acompaña al señor de azul en su ardua tarea.

Su tren ha llegado. No por ello la diversión ha acabado. Las puertas del tren han coincidido perfectamente con lo que señalaban las líneas amarillas en el suelo y usted espera pacientemente en su espacio lateral a que salgan los pasajeros (乘客 cheng2ke4) para después acceder usted, como hacen los demás. Pues bien, esta era la teoría. Una vez abiertas las puertas las líneas amarillas dejan de existir y los pekineses, tan disciplinados en otras ocasiones, pretenderán entrar y salir a la vez a codazo limpio. Jumanji subterráneo. Muy típico es levantarse en el último momento y salir corriendo del vagón así que no cante victoria hasta que no esté sujeto a una de las agarraderas interiores.

La batalla se torna encarnizada si resulta haber algún asiento libre. Las carreras por conseguirlo son emocionantes, con los adversarios buscando la mejor ruta para llegar el primero. Aparentemente, en el metro de Pekín, y a diferencia de las hamacas en las piscinas de los hoteles, sí está permitido reservar sitios y si alguien puede coger dos sitios pondrá la mano, el codo, la bolsa o el abrigo mientras llama a su compañero para que se acerque a ocuparlo. Todo el mundo respeta esto. La pasión pekinesa por los sitios del metro es algo verdaderamente fascinante y podría tener raíces psicológicas muy interesantes. Dice el refrán que “allá donde fueres, haz lo que vieres” y yo ya me he sorprendido a mí mismo acelerando el paso para llegar a sentarme en algún vagón. Destacable es la situación que se da en la estación de 西直门 Xizhimen, cabecera de la línea 13, que pasa por mi barrio. Fuentes fiables me aseguran que allí, en hora punta, es habitual ver señoras dejar pasar un tren mientras toman posiciones para, en el siguiente, poder entrar a coger los mejores sitios. Tampoco es de extrañar, pues esta es una línea que da servicio a los alejados pueblos en el campo al norte de la capital. Éste también sería el motivo de su peculiar olor, según alguien que lleva varios años en Pekín.

Pekín es una ciudad enorme en extensión, así que no se sorprenderá de lo alejadas que están las estaciones entre sí ni del tiempo que se invierte en el metro, a pesar de la considerable velocidad de los convoyes. ¿No ha traído libro o música que escuchar? No se preocupe, está todo pensado. Tanto en los andenes como en los vagones hay monitores que muestran la señal de la televisión del metro. La programación es mucho más variada y entretenida que muchas televisiones españolas e incluye, entre otros: Las noticias de Beijing TV en directo, minuciosas recetas de cocinas de platos apetitosos, concursos a cercanos al Grand Prix (sin vaquilla ni Ramón García, muy a su pesar), extractos de la famosísima Gala de Año Nuevo, emotivas vueltas a casa por Año Nuevo, resúmenes de la versión china del concurso La Voz (中国好声音 zhong1guo2hao3sheng1yin1), vídeos de surf en Hawaii, películas para televisión (影视 ying3shi4) sobre el período imperial o la guerra civil,… Merece la pena señalar los consejos de seguridad. Diversos vídeos tan sorprendentes como inquietantes le mostrarán qué hacer en caso de emergencia. Esto sería normal si no fuera por la representación desconcertante de todos aquellos que no siguieron las normas de seguridad y del enorme rango de posibilidades de emergencia mostrado. Un drama.





Ha llegado a su destino. Descienda a codazos hasta el andén y busque cuál es su salida. Unos utilísimos carteles con mapas y listas de los edificios cerca de cada salida le ayudarán. Merece usted mi respeto por haber lidiado con el metro de Pekín y por tener la resistencia de haber leído hasta aquí. Mi enhorabuena.

La fecha obliga a hacer una breve referencia al Año Nuevo. Se trata de una fiesta principalmente familiar por lo que un extranjero recién llegado no la vive al máximo. Se nota, eso sí. Muy poca gente en la calle, especialmente los días 10 y 11. Ocho horas diarias de fuegos artificiales y petardos en cada esquina durante cuatro noches (de momento), muchos restaurantes y tiendas cerrados. Templos llenos. Mucha alegría de los locales. Es una sensación extraña, pero no negativa. Muchos de los extranjeros aprovechan las vacaciones para viajar por el país o festejar en la capital a su manera, más bien nocturna y en los bares. Va a ser raro adecuarse a Pekín sin fuegos. Sin embargo, en esta semana he entendido perfectamente por qué había carteles hasta en el interior del metro de que no se podían tirar petardos en sitios cerrados.

Un último detalle. Otro de los medios de transporte más convenientes y usados en Pekín es el taxi. Siendo extranjero coger uno se convierte en una aventura más que digna de una publicación de este blog. Sin embargo, la semana pasada se ha publicado China Daily un excelente artículo sobre las dificultades de coger un taxi en Pekín y cuáles son las mejores técnicas basadas en años de experiencia. Cierto y divertido. Se lo recomiendo.

Nada más, me despido hasta la próxima, si no me cierran el blog debido a la longitud de las publicaciones. Nos leemos. ]]>
Chinoesfera XianZai Chinoesfera XianZai http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=66
Consejos de viaje http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=62 Wed, 30 Jan 2013 04:07:00 +0000 Diego Gestoso 40.417 -3.702 Breve artículo pocos días antes de comenzar la odisea.

Me encanta viajar. Seguramente en esto sea poco original, pero realmente alcanza el grado de pasión. Les ahorraré mis lamentos sobre limitación de tiempo o presupuesto para satisfacerla. Me gusta prácticamente todo lo que tenga que ver con un viaje, hasta ir a los aeropuertos y estaciones.

Solo hay una cosa que detesto: hacer la maleta. Hay gente que disfruta de ello como ritual previo, es el primer paso que les indica que algo excepcional está a punto de comenzar. Yo no les entiendo, a mí me aburre soberanamente. Para mí es todo un suplicio. Llega a desquiciarme. Si de mí dependiese me llevaría unos cuantos libros y algo de ropa escogida sin mirar demasiado. Para colmo de males, habitualmente soy muy despistado y comprobar cien veces que llevo lo necesario en el equipaje me lleva una eternidad.

Ante el hipotético proceso, feliz en principio, en el que yo hiciera la maleta en unos tres minutos y me dispusiera a partir, surge un factor desestabilizante que acaba con todo: las preguntas que comienzan con “¿Y si…?”. No voy a aburrirles con los cientos (¡miles!) de posibilidades que mi imaginación ha contemplado ya, pero háganse a la idea. Si a esto le sumamos las recomendaciones de todo tipo que uno recibe, en ocasiones contradictorias, la hecatombe está servida. Imaginen ahora mi cara al darme cuenta de que tengo que hacer una maleta que sirva para tanto el frío y la nieve del febrero pekinés como para su calor húmedo de julio. Todo ello con la limitación de peso impuesta por las compañías aéreas. Un calvario.

Preveo un funesto desenlace para este asunto.

Sí disfruto escogiendo los libros para un viaje, pueden marcar el recuerdo que guardemos de ambos para siempre. Estoy muy a favor de asociar libros y viajes. No solo con los desplazamientos y los tiempos de espera sino con la totalidad de la travesía. En esta ocasión parto muy cargado, algunos en papel y otros en distante pero práctico formato electrónico. Me llevo ficción y no ficción, español y extranjero. Destacan las recopilaciones periodísticas, las memorias y los libros que relacionan España y China. A estos últimos pertenece, y atención, que traerá cola, el relato de un diplomático español que llegó a Pekín 113 años antes que yo. Y hasta aquí puedo leer, investiguen.

Si ha llegado hasta aquí ya sabe que tengo poco que contar. Precisamente, mi objetivo es pedirle que me ayude. ¿Cómo? Utilice la sección de comentarios para compartir conmigo y con el resto de lectores recomendaciones de elementos que considere esenciales en una buena maleta, consejos de viaje, sugerencias de visitas en Pekín, relatos de su experiencia que puedan ser de utilidad,... Cualquier cosa que considere especial y vaya más allá del saber común y de lo que las guías señalan en sus primeras páginas. Anímese.

No deje tampoco de participar en el concurso que Chinoesfera organiza con motivo del Año Nuevo chino. Grabe un vídeo con sus felicitaciones de la manera más original para este Año de la Serpiente que se nos viene encima y podrá ganar uno de los cinco premios de cultura china. Tras consultar la chuleta podrá enviar sus vídeos aquí.

La próxima publicación será ya desde China, no sé muy bien cuándo ni sobre qué tema. Improvisaremos. Solo una pequeña propuesta más: vean 55 días en Pekín, ando tramando algo.

Nos leemos. ]]>
Chinoesfera XianZai http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=62
Comienzo: Un blog condenado http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=56 Mon, 14 Jan 2013 16:49:00 +0000 Diego Gestoso 40.417 -3.702 Bienvenidos a un blog condenado

“No quisiera parecer uno de esos viejos corresponsales de guerra con el whisky en la mano, acodados en una barra y anclados, nostálgicos, en sus antiguas batallas...”
Vicky Vilches, sobre un tema completamente no relacionado.

Comienza aquí un blog condenado. Llego a China cuando es ya un destino popular e incluso algunos clásicos se van. No llego para quedarme, sino que tengo fecha de caducidad. Permaneceré en Pekín desde primeros de febrero y mi única opción es improvisar dentro de un programa pues todo acabará el 20 de julio. Van a ser testigos de un programa guionizado. Y sin embargo, no sabemos ni ustedes ni yo qué clase de acontecimientos van a ocurrir.
Asúmame el lector el horror vacui ante la hoja de papel, aunque sea en un desmalignizado formato electrónico. Hasta hoy he escrito poco y mal, soy bloguero primerizo. Por tanto, discúlpenme los errores que cometeré en mis relatos y en la gestión de esta plataforma. Escribiré en español, tratando la lengua de la mejor manera posible y eludiendo la doble redacción en varios idiomas enfocada a un supuesto público anglosajón que, no nos engañemos, dudo mucho alcanzar. No obstante, tengan por seguro que la lengua china será uno de los pilares vertebradores de esta aventura, pues es la justificación de mi viaje.
Una célebre frase afirma aquello de que tras la primera visita a China se quiere escribir un libro, cuando se ha visitado varias veces sólo se puede atrever uno con un artículo, mientras que quien se familiariza con el país y su gente se limita a hablar de su experiencia si es preguntado. Aun sin ser mi primer viaje a China sigo siendo un visitante novel y sin embargo me saltaré los dos primeros pasos. En este blog habrá crónicas sobre mis próximos seis meses en China. No espere el lector encontrar sesudos análisis sobre los grandes temas de la política china, previsiones de la situación económica del país o explicaciones del papel chino en el ámbito internacional. De nada de eso sería capaz y no es mi propósito intentarlo aquí. Me limitaré a destacar detalles de la vida de un estudiante en Pekín que me parezcan interesantes.

Nótese el detalle estudiante. No perteneceré a la comunidad de expatriados con grandes sueldos que hacen una vida muy similar a la de sus países de origen en los distritos más caros de la Pekín o Shanghái, ni seré uno de esos jóvenes que buscan en China trabajos en su especialidad que Europa ya no les ofrece, teniendo que enfrentarse a la vida, el idioma y la cultura en China como buenamente pueden. Yo vengo a integrarme todo cuanto me permitan (¿lo harán?) en la cotidianidad pekinesa, quiero conocer lo más a fondo posible los detalles de todo cuanto ocurra a mi alrededor. Me voy a tirar a la piscina, haya agua o no. Lo probaré todo, participaré en lo que me dejen y preguntaré cuanto me permitan. Me dirán que ya existen blogs que cuentan experiencias de extranjeros en China, algunos españoles de gran calidad. Es cierto, pero ninguno lo hace desde el punto de vista de un estudiante de Estudios de Asia Oriental.

“China es el futuro” “¡Ah! ¿Estudias chino? Es la lengua del futuro” Frases del estilo las habrán escuchado decenas de veces, puede que hasta las hayan pronunciado. No se preocupen. China hace bastante tiempo que es el presente, lo que fue durante siglos. Por supuesto que es futuro, pero hay que subirse al tren ya en el presente y yo llego más bien tarde. También tarde llego al mundo de los blogs y la escritura. Bebo de muchas fuentes, soy ávido lector de columnas de opinión en prensa y de diferentes blogs. Será natural encontrar coincidencias en esta bitácora con otras que el avezado sinófilo conozca pues uno es la unión de todos sus maestros, a los que adapta para alcanzar su objetivo, sin embargo todo lo que aquí se encuentre será material original y específicamente redactado para este boletín.

Una vez escuché decir muy acertadamente a Ángel Villarino que en España, y en general, fuera de Asia, una amplísima mayoría de las noticias que recibimos sobre China se corresponden con uno de los siguientes patrones: fenómenos meteorológicos de grandes proporciones, apabullantes datos del descomunal desarrollo económico chino, tensiones de su política internacional de diversa índole o curiosidades excéntricas. Últimamente podría añadirse una cuarta categoría sobre decisiones internas sobre los grandes dirigentes dentro del Partido Comunista, sistema e individuos por lo general muy desconocidos en España. Todo ello, aun siendo veraz, aporta una visión sesgada de China y nos aleja de su realidad cotidiana. Coincidirán conmigo en que en muchas informaciones, marcadas a menudo por las contradicciones, subyace la imagen de una China temible para el resto del mundo, avasalladora e instigadora de conflictos y una sociedad que parece de otro mundo. Sobreviven entre tanto ruido algunos corresponsales que envían reportajes de altísimo valor. No preveo coincidir muchas veces con los temas de los principales periódicos. Eso sí, aquí podrán encontrar relatos de cómo se viven esos grandes asuntos desde China, en caso de tener algún efecto.

Sírvale al lector esta primera publicación como semilla de una idea que germinará con el paso de las semanas. No tome este post lleno de intenciones, futuros y demasiadas negaciones (ya me dirán si pude mantenerlo todo) como referencia. Registre la dirección, suscríbase a las actualizaciones, esté atento y permítame que le muestre una China más cercana y amistosa desde dentro a través de este blog que los amigos de Chinoesfera tan amablemente me ofrecen, con especial mención a Jorge Remón. Sobran los elogios para esta web, hablen por ella sus méritos ya conseguidos. Si no me creen, investíguenla por sí mismos, quedarán convencidos.

Adelante, amigos, súbanse y tomen asiento. Esto comienza ya.
Cuento con ustedes. ]]>
Chinoesfera XianZai http://www.chinoesfera.com/inxianzai.php?id=56