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El Pekinazo


Por

Diego Gestoso







Pekinazo: dícese del sufrimiento agudo y repentino que puede experimentar un extranjero en Pekín cuando las cosas no ocurren como esperaba.
Síntomas: desesperación, tristeza, ira, añoranza del hogar, racismo exacerbado, hambre calagurritana, entre otros.
Tratamiento: paciencia, buen humor, respiración profunda, silencio, descanso.





No es ninguna tontería. Se trata de un mal que afecta a cualquier extranjero en Pekín en algún momento de su estancia. Si se localiza a tiempo es curable y puede pasar a la categoría de anécdota, pero si se extiende y se agrava, la salud mental y la propia permanencia del paciente en China están en juego.

Cualquier situación habitual es susceptible de desembocar en una manifestación del temible pekinazo. Afirmarán algunos: “Yo soy muy flexible, estoy a salvo de pekinazos”. Craso error. No se lleven a engaños: todos y cada uno de nosotros estamos expuestos al pekinazo. En cualquier momento el pekinazo puede echársele encima y arruinarle el día. Podemos diferenciar dos tipos de pekinazo: el que ataca al recién llegado debido a hechos puntuales y el que asalta al ya residente habitual a causa del desgaste.

Durante los primeros días, y esto incluye también a los turistas, pequeñas diferencias de las costumbres locales con las propias son caldo de cultivo para el pekinazo. El idioma, por supuesto, es el mayor de los conflictos. Tanto para quien no lo conoce como para quien, habiéndolo estudiado, no consigue comunicarse. No deje que el pekinazo le invada si tras veinte horas de viaje transcontinental desde su país no entiende la peculiar forma de hablar del taxista de Pekín que le recoja en el aeropuerto. Tenga también en cuenta que existen en la ciudad personas que tratan habitualmente con extranjeros y saben jugar con su vulnerabilidad y desconocimiento. Huelga decir que la mejor manera de evitar este obstáculo es practicar mucho el chino; pronto llegará un punto en el que aprovechará las situaciones de incomunicabilidad para perfeccionar sus conocimientos de la lengua. La frase (wo3 ting1bu4dong3, algo así como “yo oigo pero no comprendo”) es un básico que será su salvavidas y su forma de pedir un poco de cuartelillo. Usar el inglés suele ser en vano fuera de las mayores atracciones turísticas. Una buena dosis de amabilidad, sencillez en los conceptos, calma y persistencia suelen valer para comunicar lo esencial.





El siguiente foco de tensión puede ser la comida. Le guste o no la comida china en su país, al llegar aquí se sorprenderá. La variedad de platos en cualquier restaurante, desde los elegantes restaurantes de Wangfujin o Sanlitun hasta las tascas de barrio pasando por las cantinas de las universidades, es tan sobrecogedora que es imposible que le guste todo. Cuando encuentre algo que le desagrade, no se ofusque en lo terrible que le parece la comida en China, pase a lo siguiente. Tarde o temprano encontrará un puñado de platos con los que su exigente paladar quedará satisfecho. No se contente con las malas y sobrepreciadas versiones de platos de su país que encontrará en Pekín. Ni se abone tampoco a las decenas de cadenas de comida rápida que abundan en cada esquina. Siga intentándolo y encontrará sabrosos platos.

Mención aparte merece el uso de los palillos ( kuai4zi). Es sabido que en el Imperio Central los tenedores ( cha1zi) suelen brillar por su ausencia, por lo que intentar encontrarlos a toda costa es abrirle las puertas a uno de los pekinazos más contundentes. Unos pocos días de práctica serán suficientes para poder usarlos. Como siempre, déjese guiar por el uso de los locales, pero no se obsesione por alcanzar su grado de manejo. En cualquier caso, siempre podrá recurrir a la cuchara (shao2zi).





La tercera gran fuente de inestabilidades son los desplazamientos. En China, donde la soledad no se puede concebir, la masificación permanente en la calle y en los transportes públicos puede agobiar al extranjero. El curioso funcionamiento del metro de Pekín o la emocionante y misteriosa experiencia de coger un autobús de la capital, conducido habitualmente por algún maníaco, son otras de las vivencias obligadas pero que no debe permitir que le supongan un pekinazo. No pierda tiempo y energía maldiciendo una normativa vial en apariencia inexistente y el uso desmedido del claxon. Una vez más: calma, siga a los locales (especialmente en los pasos de cebra) y a tomárselo con humor. Esto último lo entenderá cuando vea las carreritas por tomar asientos.





Amantes de la comida china, expertos usuarios de palillos, esforzados estudiantes de chino, conocedores del transporte pekinés: ¡no se me relajen! El pekinazo sobrevuela sus cabezas como un cóndor esperando un momento de debilidad. Ya está usted más que habituado a su vida en China, no quiere que nadie le venga a ver, es usted un Matteo Ricci contemporáneo. Sabe perfectamente de las esperas necesarias en un banco chino, ya las vivió los primeros días para cambiar dinero cuando le contaban los billetes hasta cinco veces, le hacían firmar varias veces y le tomaban fotos. Sin embargo, tres horas y media (verídico) en un banco para recibir el dinero de una transferencia pueden mermar su imperturbabilidad y hacerle buscar billetes de vuelta. Amigo, aquí tiene al pekinazo del desgaste, ese Gebrselassie que le ha adelantado a diez metros de la meta. No decaiga, no se marche pensando que China ha podido con usted. Todavía le queda comprar un billete de tren para visitar otras ciudades. ¿Quién podía imaginar que una estación podía tener cuatro taquillas diferentes y que las iba a conocer todas en la misma media hora? Si además pretende tomar un tren nocturno tendrá que hacer entender si quiere una cama dura, (ying4wo4), lo más recomendado, blanda ( ruan3wo4) o el despiadado pero asequible asiento duro ( ying4xi2).

Querido lector, esta ha sido una reflexión surgida tras un mes plagado de descubrimientos, adaptación a nuevas rutinas y estudio de chino. Esta bitácora condenada bebe de los momentos peculiares que ocurren en la vida cotidiana, sin ella no tiene sentido. Por ello le pido disculpas y comprensión por mi retraso en enviar nuevas publicaciones. No sirva este relato para abrumar a nadie sino, por el contrario, alentar al visitante a que conozca los vericuetos de Pekín, sabiendo que a todos nos ocurren los mismos problemas. Lo importante es saber afrontarlos. Cuando usted se creía invencible, todo un pekinés ( bei3jing1ren2), llegó la fatídica tarde del banco. El pekinazo acecha en cada esquina, dispuesto a adoptar formas siempre imprevisibles. ¿Acaso se le ha ocurrido comprar champú en China? La palabra confusión toma dimensiones nunca antes conocidas: tal amalgama de olores extraños y ninguno placentero pueden provocar verdadero desasosiego. No se relaje en su estancia en Pekín, disfrute siempre alerta.

Pekín, 18 de marzo de 2013.
Soplan vientos de primavera.
Nos leemos.

Caracteres en este artículo:
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