Aviso: este portal está en proceso de renovación. Algunas funciones pueden no estar disponibles de forma transitoria - 5 de febrero de 2016


img


  Aviso: Artículo nuevo: Curiosidades sobre el 'arroz de jade' — 14 de Junio de 2015 || Artículo nuevo: De Solterones y Solteronas... — 31 de Marzo de 2015




Blog BLOG CRONICA CHINA - GACETA XIANZAI


Metro de Pekín


Por

Diego Gestoso







Soy más bien indeciso y todo lo repienso. Demasiado. Es por esto que a pesar de llevar casi dos semanas en Pekín no me podía decidir a escribir sobre ninguna de las mil pequeñas historias que forzosamente le ocurren a uno cuando aterriza en lo desconocido. Tenía ideas pero algunas eran demasiado triviales, mientras que otras muchas requerían verdadero conocimiento e investigación. Las visitas turísticas, los mercados y el regateo, los horarios, el uso del idioma, el tráfico, el frío, la contaminación, los callejones ( hu2tong4), la búsqueda de piso, los escupitajos, el Año Nuevo, los fuegos artificiales, la comida, personajes como el cocinero del hotel de los primeros días, Pepe el guía turístico chino que aprendió español por internet en pocos meses, mi casera o los compañeros de piso. Un sinfín de posibilidades que bien narradas podrían ser interesantes pero sobre las que tenía dudas de conocer lo suficiente. Rescataremos las valiosas en su momento.

En estas reflexiones andaba yo una mañana cuando me di cuenta de que hay algo que reúne un poco de todas estas historias y que ya conocía. Estaba montado en ello. El metro de Pekín ( bei3jing1di4tie3) es una pequeña muestra en movimiento de casi todo lo que se puede encontrar en esta ciudad. Desde la Olimpiada está en plena expansión y ya es una enorme red que sirve a ocho millones de personas cada día. A las quince líneas operativas hoy se le sumarán otras siete en los próximos cuatro años.

Veamos qué se encuentra uno en el metro de Pekín. Las similitudes en ciertos aspectos y las diferencias en otros con respecto a diferentes suburbanos son asombrosas. Tras acceder por alguna entrada (chu1kou3) de una estación ( di4tie3zhan4) lo primero que se va a encontrar el viajero es un control de seguridad en el vestíbulo. Durante las Juegos Olímpicos se implantó la obligación de pasar por una máquina de rayos X los bolsos y mochilas que aún hoy se debe cumplir. La seguridad ( an1quan2) es la palabra más repetida en todo el metro. Aquí habrá dos o tres policías uniformadas de azul oscuro, siempre mujeres muy jóvenes. Una de ellas es la encargada de, tras un cristal, mirar la pantalla del escáner de bultos, aunque suele relegar esta función en favor del sagrado arte del dormir en una silla. Esta es una tarea esencial en el medio de transporte más utilizado de Pekín y es cuidadosamente ejercida por varios personajes en cada estación. Los chinos del sur, de hecho, dicen que este es el deporte que mejor practican los habitantes al norte del Yangtsé ( chang2jiang1).

El siguiente paso será hacerse con un billete. Este es un proceso cuanto menos curioso. La tarifa es bastante económica, sobre todo viniendo de Europa: por dos yuanes (¡Veinticinco céntimos de euro!) puede uno realizar cualquier trayecto. El precio, junto con la extensión de la red, explica la variedad de pasajeros que se puede encontrar. Para hacerse con el billete existen dos opciones, ambas peculiares. En ventanilla tendremos a otra mujer uniformada dispuesta a ayudarnos a mejorar nuestra pronunciación de chino: hasta que no articule usted con claridad todas las sílabas con sus correspondientes tonos en una frase con sentido no obtendrá sus pases. Siempre le quedará el recurso de hacer señas con las manos y aguantar la mirada condescendiente. Una vez entregado el dinero, la mujer lo contará, al igual que los billetes y las vueltas, una media de cuatro veces. Si usted se decide por la máquina sepa que deberá tener preparado el dinero en monedas. Aparentemente la máquina acepta billetes pero todavía no se ha dado el caso de que no los devuelva una vez introducidos, según me informan y he podido comprobar. Por qué las máquinas tienen alergia a los billetes chinos es un misterio que posiblemente nunca podamos resolver.

Prosigamos el viaje. Los pasillos que recorrerá, amplios para dar cabida a las marabuntas de gente que los transitan, divididos con barreras que canalizan la circulación, están decorados con anuncios bastante estrambóticos y repetitivos y le llevarán tarde o temprano a alguna escalera. He aquí el drama de las escaleras. Algún ser maligno controla las escaleras mecánicas para que, aunque haya varias, se dirijan siempre todas en un único sentido: el contrario al de la mayoría de la gente. Además, el porcentaje de escaleras averiadas sin nadie reparándolas es pasmoso. Una de las pequeñas singularidades del metro de Pekín es que la norma dorada no escrita de los metros europeos para las escaleras automáticas (manténgase a la derecha si no va a avanzar, deje la izquierda libre) es algo desconocido a pesar de haber una clarísima y enigmática, por su falta de uso, línea amarilla pintada en cada escalón dividiéndolo en dos mitades. Dentro de poco descubrirá que no son las únicas normas y líneas amarillas olvidadas.

Una vez llegue al andén tendrá que elegir el sentido de su viaje, para ello hay muchos carteles con información bien clara, siempre que se maneje con los nombres de las estaciones, claro. Este es un detalle que requiere cierta pericia. Una vez en su andén verá en las pantallas suspendidas información en chino y en inglés sobre el tren, así como la señal de la señal de la televisión del metro, a la que dedicaremos su merecidísimo comentario. En el suelo unas nuevas líneas amarillas marcan muy convenientemente en qué puntos del andén quedarán las puertas del tren, qué espacio se debe dejar libre y qué espacio se debe ocupar para esperar.

Mientras espera, tómese un segundo de tranquilidad y respire. ¿Lo nota? ¿Esa pequeña sensación en la nuca? ¿Todavía no? Camine unos pasos… ¿Ha visto a esa mujer? ¿Y a aquel hombre más allá? Correcto. Le miran a usted. No se preocupe, no ha quebrantado ninguna norma ni pretenden hacerle nada. Simplemente le observan. Desde que descendió usted al metro ha sido minuciosamente observado, por si no se había dado cuenta. A pesar de ser Pekín una de las ciudades más visitadas de Asia y tener una población extranjera relativamente alta (dentro de las proporciones chinas), la presencia de un europeo sigue despertando la curiosidad de muchos de sus habitantes. Las escenas, una vez asumida la posición de alienígena, llegan a ser verdaderamente cómicas: personas que aguantan la mirada sobre uno durante trayectos enteros, gente que señala y comenta con sus parejas detalles de su aspecto, señores mayores pendientes de su más leve movimiento para indicarle cómo avanzar, hombres que le escudriñan frente a frente desde el escalón inmediatamente superior al suyo en la escalera mecánica, familias que se ríen y animan a los niños a acercarse,... Puede que hasta le hagan alguna foto encubierta. Sobran los ejemplos, pero son anécdotas divertidas.

Se da la particularidad de que, en caso de encontrarse varios extranjeros, en vez de reunirse, aguantar juntos y avanzar en formación tortuga, lo más habitual es que se separen una buena distancia con la que, sin perder el contacto visual, el protagonismo de cada uno permanezca intacto. Esta popularidad es especialmente alta con los niños pequeños, que miran absortos y con media sonrisa a cualquier extranjero. Por cierto, todavía está por llegar el momento en el que se oiga a un niño decir una palabra más alta que la anterior, llorar o tirar el zumo. Amy Chua ya adujo razones para esta situación.

Una forma de desconcertar a medio vagón es preguntar a alguien en chino si va bien dirigido hacia su destino. No importa que usted conozca perfectamente la línea, el hecho de oír a un extranjero (lao3wai4) hablar chino sorprende a muchos chinos de un modo positivo.

En el andén durante las horas punta verá unas aparentemente amigables señoras más bien mayores vestidas de amarillo. Portan un micrófono con un altavoz y se encargan de organizar el tráfico de personas por los andenes. Estas semanas los viajeros son menos por ser las vacaciones de Año Nuevo, pero parece ser que en los momentos de mayor afluencia son ellas, con sus guantes blancos, quienes empujan a los pasajeros al interior de los trenes. La fecha también hace que el metro se convierta en una pasarela de regalos, bolsas rojas brillantes y paquetes esmeradamente envueltos. La gran mayoría son botellas de licor chino ( bai2jiu3), paquetes de pastas y dulces o pato laqueado a la pekinesa ( bei3jing1kao3ya1). En los andenes también hay algún señor, uniformado de azul oscuro y sentado en una garita, encargado de ejercer el arte de dormir en la silla también a esta profundidad. La seguridad suele correr a cargo de un soldado de unos 20 años que en ocasiones acompaña al señor de azul en su ardua tarea.

Su tren ha llegado. No por ello la diversión ha acabado. Las puertas del tren han coincidido perfectamente con lo que señalaban las líneas amarillas en el suelo y usted espera pacientemente en su espacio lateral a que salgan los pasajeros ( cheng2ke4) para después acceder usted, como hacen los demás. Pues bien, esta era la teoría. Una vez abiertas las puertas las líneas amarillas dejan de existir y los pekineses, tan disciplinados en otras ocasiones, pretenderán entrar y salir a la vez a codazo limpio. Jumanji subterráneo. Muy típico es levantarse en el último momento y salir corriendo del vagón así que no cante victoria hasta que no esté sujeto a una de las agarraderas interiores.

La batalla se torna encarnizada si resulta haber algún asiento libre. Las carreras por conseguirlo son emocionantes, con los adversarios buscando la mejor ruta para llegar el primero. Aparentemente, en el metro de Pekín, y a diferencia de las hamacas en las piscinas de los hoteles, sí está permitido reservar sitios y si alguien puede coger dos sitios pondrá la mano, el codo, la bolsa o el abrigo mientras llama a su compañero para que se acerque a ocuparlo. Todo el mundo respeta esto. La pasión pekinesa por los sitios del metro es algo verdaderamente fascinante y podría tener raíces psicológicas muy interesantes. Dice el refrán que “allá donde fueres, haz lo que vieres” y yo ya me he sorprendido a mí mismo acelerando el paso para llegar a sentarme en algún vagón. Destacable es la situación que se da en la estación de Xizhimen, cabecera de la línea 13, que pasa por mi barrio. Fuentes fiables me aseguran que allí, en hora punta, es habitual ver señoras dejar pasar un tren mientras toman posiciones para, en el siguiente, poder entrar a coger los mejores sitios. Tampoco es de extrañar, pues esta es una línea que da servicio a los alejados pueblos en el campo al norte de la capital. Éste también sería el motivo de su peculiar olor, según alguien que lleva varios años en Pekín.

Pekín es una ciudad enorme en extensión, así que no se sorprenderá de lo alejadas que están las estaciones entre sí ni del tiempo que se invierte en el metro, a pesar de la considerable velocidad de los convoyes. ¿No ha traído libro o música que escuchar? No se preocupe, está todo pensado. Tanto en los andenes como en los vagones hay monitores que muestran la señal de la televisión del metro. La programación es mucho más variada y entretenida que muchas televisiones españolas e incluye, entre otros: Las noticias de Beijing TV en directo, minuciosas recetas de cocinas de platos apetitosos, concursos a cercanos al Grand Prix (sin vaquilla ni Ramón García, muy a su pesar), extractos de la famosísima Gala de Año Nuevo, emotivas vueltas a casa por Año Nuevo, resúmenes de la versión china del concurso La Voz ( zhong1guo2hao3sheng1yin1), vídeos de surf en Hawaii, películas para televisión ( ying3shi4) sobre el período imperial o la guerra civil,… Merece la pena señalar los consejos de seguridad. Diversos vídeos tan sorprendentes como inquietantes le mostrarán qué hacer en caso de emergencia. Esto sería normal si no fuera por la representación desconcertante de todos aquellos que no siguieron las normas de seguridad y del enorme rango de posibilidades de emergencia mostrado. Un drama.





Ha llegado a su destino. Descienda a codazos hasta el andén y busque cuál es su salida. Unos utilísimos carteles con mapas y listas de los edificios cerca de cada salida le ayudarán. Merece usted mi respeto por haber lidiado con el metro de Pekín y por tener la resistencia de haber leído hasta aquí. Mi enhorabuena.

La fecha obliga a hacer una breve referencia al Año Nuevo. Se trata de una fiesta principalmente familiar por lo que un extranjero recién llegado no la vive al máximo. Se nota, eso sí. Muy poca gente en la calle, especialmente los días 10 y 11. Ocho horas diarias de fuegos artificiales y petardos en cada esquina durante cuatro noches (de momento), muchos restaurantes y tiendas cerrados. Templos llenos. Mucha alegría de los locales. Es una sensación extraña, pero no negativa. Muchos de los extranjeros aprovechan las vacaciones para viajar por el país o festejar en la capital a su manera, más bien nocturna y en los bares. Va a ser raro adecuarse a Pekín sin fuegos. Sin embargo, en esta semana he entendido perfectamente por qué había carteles hasta en el interior del metro de que no se podían tirar petardos en sitios cerrados.

Un último detalle. Otro de los medios de transporte más convenientes y usados en Pekín es el taxi. Siendo extranjero coger uno se convierte en una aventura más que digna de una publicación de este blog. Sin embargo, la semana pasada se ha publicado China Daily un excelente artículo sobre las dificultades de coger un taxi en Pekín y cuáles son las mejores técnicas basadas en años de experiencia. Cierto y divertido. Se lo recomiendo.

Nada más, me despido hasta la próxima, si no me cierran el blog debido a la longitud de las publicaciones. Nos leemos.

Caracteres en este artículo:
-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

-

西

-

-

-

-

-

-

-

-

-



Deja tu comentario:

img  img

APUNTATE AL NEWSLETTER:


© 2007-2011 - Chinoesfera.Com

Ofrecido por: Mundoesfera.Com



Hanzi