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CULTURA - GACETA XIANZAI


Bárbaros, gente del mar, demonios... extranjeros


Por

Fernando García-Quismondo







En la antigüedad China fue siempre un país muy cerrado a cualquier influencia externa y aunque se mantuvieron relaciones comerciales con otros reinos próximos o lejanos lo cierto es que la visión que se tenía de aquellos pueblos era casi siempre negativa o despectiva ya que en general su grado de cultura, civilización y avance tecnológico eran casi siempre inferiores a los del imperio (o aunque no lo fueran se veían de esa manera).

No debemos sorprendernos por ello, ya que es algo bastante habitual: a lo largo de toda la historia y en todos los continentes ha sido común encontrar países o reinos que por su predominio económico, tecnológico o militar, se considerasen superiores en todos los sentidos a los pueblos que les rodeaban, volviéndose en cierto modo "impermeables" a cualquier influencia extranjera incluso cuando ésta pudiese ser positiva.

Volviendo a nuestro tema, resulta interesante ver cómo en el caso de China con el paso de los siglos el lenguaje también ha reflejado ese cambio de perspectiva respecto a la visión que tenían los chinos de aquellos "extranjeros" que habitaban fuera de sus fronteras. En los tiempos antiguos, los chinos -al igual que han hecho muchas otras culturas, como decíamos- consideraban a los que no pertenecían a su pueblo sencillamente como "bárbaros" (/yěmán), aunque tenían algunos términos específicos para referirse a los reinos o tribus no pertenecientes a la etnia Han que habitaban al norte y este (por ejemplo, /yídí, /dōnghú), o al sur y oeste (por ejemplo, /yèláng).

Con el paso de los siglos, una vez estabilizadas las fronteras del imperio, a este término de "bárbaro" para referirse a los extranjeros se unió el de ""/yángrén, que significa "gente del mar". El motivo es evidente: a las rutas comerciales terrestres se unieron las rutas marítimas abiertas por portugueses, españoles, holandeses, ingleses, etc. Aquellos extranjeros de tez pálida que “llegaban del mar”, a pesar de su aportación desde una perspectiva comercial, supusieron una escasa influencia desde un punto de vista cultural. Este término “”/yángrén ha sobrevivido hasta nuestros días para hacer referencia a un “extranjero” u “occidental”, aunque sea ya poco empleado y se haya perdido la naturaleza “marítima” de su origen, del mismo modo que en el idioma español se siguen definiendo ciertos productos y tiendas como “ultramarinos” en referencia a los tiempos en que aquellos procedían del comercio marítimo con otros países.

Los siglos pasaron, y la influencia extranjera acabó imponiéndose por la fuerza, de modo que a finales de la dinastía Qing (sobre el año 1900) China se encontraba bajo la ocupación de ocho potencias occidentales que se repartían su territorio en zonas de influencia, a lo que se unía la destrucción de templos y estatuas de buda dentro de la campaña de “evangelización” por parte de los misioneros cristianos, una situación que acabaría desembocando en las guerras del opio y revolución nacionalista por parte de los boxers (un suceso que se encuentra reflejada en la famosa película "55 días en Pekín"), y que también acuñó un nuevo término para definir a los extranjeros: “”/yángguǐ, que en este caso se puede traducir literalmente como “demonios del mar” o “fantasmas del mar”, en referencia a aquellas prácticas abusivas por parte de las grandes potencias y a la tez pálida y “fantasmal” de quienes las realizaban.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado mucho desde entonces y aunque en China aún sigan existiendo varios términos peyorativos y despectivos para hacer referencia a los extranjeros (algo que no es exclusivo de aquel país, como todos sabemos), lo cierto es que hoy día la forma más común de referirse a los extranjeros es /wàirén, que sencillamente significa “personas de fuera”, o /lǎowài en el caso de que haya que dirigirse a una persona en concreto, donde vemos que al carácter /wài/”extranjero” se antepone el conocido /lǎo que aunque literalmente significa “viejo”, es un carácter empleado a menudo en chino para indicar un matiz de respeto.

Sin embargo, no debemos confundirnos con la etimología de la palabra /lǎowài. Conviene tener en cuenta siempre el contexto y la intención con la que se pronuncia cualquier expresión, ya que es posible que encontremos alguna vez situaciones en las que este término /lǎowài, en principio correcto y respetuoso de acuerdo a su traducción como acabamos de ver, sea usado con una intención insultante, burlona o despectiva para referirse a un extranjero.

Aunque dicha circunstancia, queridos seguidores de Chinoesfera, ya no sería un problema del idioma sino de las personas y su educación. Y es que, como decíamos antes, la ignorancia y falta de educación en el uso de términos despectivos o insultantes hacia los extranjeros no es algo exclusivo de los chinos, como puede comprobarse en tantos y tantos foros en internet...

Caracteres en este artículo:
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