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CULTURA - GACETA XIANZAI


La máquina de escribir china


Por

Fernando García-Quismondo







Hoy en día los que nos iniciamos en el estudio del idioma chino empleando un ordenador/computadora estamos acostumbrados a lo que se llama un IME (Input Method Editor) de algún fabricante. Este IME (ya sea el del fabricante del sistema operativo o de otro fabricante como Google, Sogou o QQ) es una especie de "teclado virtual" que incorporado a nuestro sistema operativo nos permite escribir directamente en pinyin, lo que es convertido por el IME en una lista predictiva de aquellos hanzi cuya transcripción corresponde con el pinyin que hemos tecleado, permitiéndonos seleccionar el carácter adecuado indicando simplemente su número.

Por ejemplo, si activamos el IME y tecleamos "deng", nos aparecerá una lista de posibles caracteres seguramente encabezada por "1." (deng3/esperar) y "2." (deng1/lámpara), y con sólo pulsar el "1" o el "2" la opción elegida será trasladada al documento que estemos escribiendo.



¿Un proceso lento y tedioso? Quizá un poco (al principio) pero desde luego no es nada comparado con lo que suponía escribir un documento en chino ANTES de la existencia de nuestros ya tan familiares ordenadores/computadoras. La mecanización de la escritura que se llevó a cabo en occidente desde finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX por medio de las máquinas de escribir se encontró en China con el grave inconveniente de que el idioma chino no es un lenguaje fonético basado en un conjunto reducido de caracteres (alfabeto) como los occidentales, sino que es un sistema logosilábico en el que existen caracteres con interpretación fonética y caracteres con interpretación semántica o lexical, lo que obliga a manejar un conjunto de MILES de caracteres diferenciados (unos 3.000 en el lenguaje común, pero miles más si consideramos caracteres menos habituales).

Sin embargo este enorme inconveniente no impidió que los ingeniosos chinos desarrollasen algunas extrañas "máquinas de escribir" que intentaron dar respuesta a lo largo del siglo XX a esa necesidad de una herramienta que permitiese mecanizar la escritura. En el artículo de hoy veremos un resumen de los dos principales tipos de máquina de escribir resultantes de esa ingeniería: la "máquina de bandeja" y la "máquina de composición".

Máquina de bandeja

Este tipo de máquinas de escribir consistía en una base sobre la que se depositaba una bandeja que albergaba del orden de unos 2000 caracteres, pudiendo ser reemplazada en caso necesario por otras bandejas con otros hanzi menos frecuentes. El tipógrafo debía localizar el carácter deseado sobre la bandeja, y entonces pulsar una tecla que hacía que un brazo mecánico tomase el carácter seleccionado y lo presionase contra el papel.



La máquina permitía escibir tanto horizontal como verticalmente (no olvidemos que antiguamente el idioma chino se escribía preferentemente en vertical), pero el proceso era complicado, engorroso y muy lento, ya que a la enorme cantidad de caracteres disponibles en cada bandeja había que añadir que éstos no se encontraban “ordenados” bajo ningún criterio que permitiera agilizar el proceso (número de trazos, frecuencia de uso, radical, etc.) y además los caracteres ubicados sobre la bandeja se encontraban boca abajo y al revés, como los tipos móviles de una imprenta, lo que suponía un esfuerzo especial para el usuario a la hora de identificar el hanzi deseado.

Se estima que los buenos tipógrafos eran capaces de alcanzar con este tipo de máquinas una velocidad media de unos 20 caracteres por minuto, lo que no equivale a “palabras por minuto”, ya que debemos recordar que muchas palabras en chino constan de más de un carácter. Esta velocidad es significativamente baja comparada con la alcanzada en occidente con nuestras máquinas de escribir: Por poner un ejemplo, el mínimo de digitación requerido para muchas posiciones laborales suele estar entre 30 y 45 palabras por minuto, aunque los mecanógrafos avanzados pueden llegar hasta 60 palabras, una cifra que aún queda muy lejos del record Guiness alcanzado por Barbara Blackburn en 1985, con 150 palabras por minuto.

Debido a esta lentitud y al engorroso manejo de este tipo de máquinas con sus bandejas, se hacía necesario inventar algún mecanismo que permitiera agilizar todo el proceso, algo que fue conseguido (aunque sólo a medias) por el Dr. Lin Yutang a mediados del siglo XX, como veremos a continuación.

Máquina de composición

Frente al método descrito anteriormente, en el que se seleccionaba un carácter completo desde una bandeja, algunos ingenieros chinos intentaron hallar algún método que permitiese “componer” los caracteres a partir de un número más reducido de elementos reutilizables.

Esta vía de investigación dio sus frutos a mediados del siglo XX cuando en 1946 el Dr. Lin Yutang patentó su “máquina de escribir china”, una máquina electromecánica inventada con el loable propósito de modernizar el país extendiendo su uso y haciéndola accesible a todo el mundo del mismo modo que se había popularizado en occidente el uso de nuestra máquina de escribir.

El nombre que el Dr. Lin dio a su máquina de escribir fue “”/ming2kuai4, una palabra resultante de la unión de los caracteres /ming2/ que significa “claro, brillante, comprensible” y /kuai4/ que significa “rápido”. Un nombre prometedor para un invento a todas luces prometedor.



La estructura de aquel prototipo, diseñado por el Dr. Lin y construido por la empresa Carl E. Krum en New York, era muy similar al de las máquinas de escribir occidentales de aquellos años 40. Tenía 72 teclas (36 para representar la parte superior de los caracteres y 28 para la parte inferior), más 8 teclas blancas de selección. El mecanógrafo debía seleccionar los caracteres presionando inicialmente dos teclas (una para seleccionar un bloque para la parte superior del carácter y otra para el bloque de la parte inferior). Esto ubicaba ocho posibles combinaciones sobre la zona de impresión, y la persona podía entonces identificar la correcta composición del carácter usando un “ojo mágico” (una especie de lupa sobre el teclado) de forma que, una vez verificado el carácter a imprimir, tan sólo necesitaba pulsar sobre la correspondiente tecla blanca “maestra” para transcribir la opción seleccionada al papel.

Aunque parece también un proceso lento y engorroso la gran flexibilidad del invento del Dr Lin radicaba en que con sus 72 teclas y las combinaciones de los caracteres contenidos en un tambor con seis cilindros podían escribirse 7.000 caracteres completos y 1.400 radicales o caracteres parciales sin cambiar de tambor (cantidad que podía alcanzar los 90.000 caracteres con el juego completo de tambores), todo un logro contenido en aquel pequeño aparato de 36 × 46 × 23 cm. Unido a aquel ejercicio de ingeniería la esencia del invento se basaba también en la gran inspiración de su autor para desarrollar el concepto de un “alfabeto chino” rompiendo con el tradicional sistema de escritura basado en radicales y orden de los trazos, y permitiendo de este modo una nueva categorización de los caracteres en una especie de “alfabeto” consistente en treinta trazos y formas geométricas (similares en cierto sentido a los elementos de un jeroglífico), que de ese modo se convertían en una especie de “letras” que podían componer un carácter.

A pesar del enorme ingenio desplegado en el diseño y construcción de aquel dispositivo lamentablemente la máquina de escribir del Dr. Lin no fue fabricada a nivel comercial. Según algunas fuentes un lamentable fallo mecánico causó que el día que debía hacer una demostración comercial a los ejecutivos de la prestigiosa empresa Remington la máquina de escribir no funcionase correctamente. Aunque en principio consiguieron repararla para una conferencia de prensa que tuvo lugar al día siguiente el daño ya estaba hecho, y el Dr. Lin no consiguió que su prototipo fuese revisado nuevamente. Otras fuentes aventuran que quizá la demostración del segundo día estuviese totalmente coreografiada y ensayada, y que el “problema” que encontró en la presentación preliminar a los directivos de Remington el día anterior posiblemente consistió en que le pidieron escribir algo de manera improvisada, un requerimiento inesperado para el que quizá el prototipo -o su operador- no pudieron dar la ágil respuesta que se esperaba.

En cualquier caso las deudas terminaron por hacer desistir al Dr. Lin de avanzar en su invento, lo que provocó que China mantuviese como única opción las “máquinas de bandeja” durante los años 60 y 70 hasta la irrupción generalizada de los ordenadores/computadoras en los años 80. Había comenzado una nueva era: la era digital.

En la era digital

A partir del momento en que se generalizó el uso de las computadoras se desarrollaron varios métodos intentando hallar el más óptimo para permitir la entrada de caracteres chinos usando aquellos teclados occidentales “QWERTY”. Se pueden contar por decenas (por no decir centenares) este tipo de métodos, pero en resumen la mayoría de ellos se basan o bien en la fonética del pinyin como describíamos al principio de este artículo, o bien en la forma de los radicales. De estos últimos destacan los métodos Wubi, Cangjie -normal o simplificado-, CKC, Boshiamy, Dayi, Q9, Shouwei, Zheng, etc. Como vemos, una cantidad enorme de alternativas, imposibles de analizar dentro de la extensión de este artículo.

Aunque el método basado en el pinyin es el más sencillo de aprender, los métodos alternativos basados en los radicales como son el Wubi (usado sobre todo en la china continental donde se emplean caracteres simplificados) o el Cangjie (usado en aquellos países o zonas donde se usan caracteres tradicionales u otras variantes del chino distintas al mandarin) son a menudo los preferidos por los mecanógrafos profesionales debido a su mayor velocidad de tecleo, aunque su curva de aprendizaje sea mucho más lenta.

Y como la mejor manera para terminar con un artículo sobre los métodos de escritura es hacerlo con un ejemplo de su uso, aquí os dejamos con una breve frase en la que el autor ha invertido algo menos de 10 segundos para escribirla: “”。/wei4lai2bu4zai4yi3hou4, wei4lai2jiu4zai4zhe4li3./ “El futuro no está más adelante, el futuro ya está aquí”.



Sí, el futuro ya está aquí. Y, como hemos visto, éste ha traído los medios necesarios para que China pueda comunicarse en su propio idioma a través de este entorno universal que es la red de redes: Internet. A todos aquellos que hemos pasado una parte sustancial de nuestra vida dentro de la era digital a menudo nos resulta dificil pensar cómo era el mundo antes de la globalización tecnológica que nos rodea.

Aunque, como hemos visto hoy, hace tan sólo unas pocas décadas los chinos se encontraban con un gran hándicap a la hora de comunicarse por medios “mecánicos”, hoy en día un simple vistazo a un adolescente chino tecleando en su PC, su tablet o su omnipresente /shou3ji1/teléfono móvil (celular), nos hacen darnos cuenta que el hecho de emplear su propio idioma no les supone ya ningún inconveniente a la hora de comunicarse empleando la tecnología que está a su alcance, una tecnología que también tenemos a nuestra disposición para comunicarnos con cualquier persona china en su propio idioma.

Está en nuestras manos (o quizá sería más propio decir “en nuestros ordenadores y computadoras”) el comenzar a hacerlo.

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Caracteres en este artículo:
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