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ACTUALIDAD - GACETA XIANZAI


¿Trabajar o estudiar en China?


Por

Fernando García-Quismondo







Como resultado de una encuesta llevada a cabo por Chinadaily en 2012 sobre un público objetivo de 175.400 extranjeros que viven en China, parece ser que las diez ciudades más atractivas para ellos desde un punto de vista global son Shanghai, Beijing, Shenzhen, Suzhou, Kunming, Hangzhou, Nanjing, Tianjin, Xiamen y Qingdao, aunque aparte de esa valoración general hay unas cuantas ciudades que también destacaban individualmente y de manera diferenciada por diversos motivos: Jinan, Chengdu, Shenyang y Hefei por sus políticas medioambientales, Chongqing y Zhengzhou por su entorno laboral, y Dalian y Wuhan por su entorno para vivir.

El análisis realizado de los datos recibidos dieron también unas indicaciones claras a los organismos chinos respecto a los esfuerzos que están realizando para atraer talento extranjero al país, ya que por ejemplo se comprueba que la distribución geográfica de esos expatriados se concentra principalmente en las regiones de Beijing, Shanghai y Guangzhou, lo cual es obvio ya que son las que cuentan con un mayor volumen de industria que requiere de sus perfiles. Sin embargo, resulta más interesante el dato de que sólo el 3% de esos extranjeros que viven temporalmente en China se plantean convertir el país en su hogar permanente. Aunque la robusta economía china sigue atrayendo a muchos extranjeros para invertir y vivir en el país, convirtiéndolo en un destino ideal para la inmigración, los inconvenientes para obtener un visado, el modelo educativo y sanitario y los problemas medioambientales en algunos casos suponen una serie de elementos que actúan en contra, y que deben ser gestionados de una manera más eficiente para mantener y aumentar el impulso actual, atrayendo así a más trabajadores cualificados extranjeros para que formen parte del pujante desarrollo de la economía china.

Aunque esta necesaria transformación no aplica solo a los trabajadores, sino también a los estudiantes. En un informe publicado en 2013 se indicaba que hay aproximadamente 328.000 estudiantes extranjeros en China (una cifra muy baja comparada con los 1,14 millones de estudiantes chinos que desarrollan su carrera académica fuera del país), y solo tres de las universidades del país formaban parte del ranking de las mejores universidades del mundo publicado por el Times Higher Education en estos últimos años.

¿Cuál es el motivo de que las universidades chinas no atraigan a los estudiantes extranjeros del mismo modo que la economía global del país atrae cada vez más a los trabajadores cualificados, como decíamos anteriormente? Aunque es cierto que son muchos los estudiantes que se plantean dar ese paso a veces abandonan el plan porque consideran que el sistema educativo chino no es suficientemente flexible para elegir el qué quieren estudiar y dónde, aunque también es cierto que aquellos que finalmente dan el paso comprueban que existen numerosos programas y becas que pueden ser de ayuda no solo para estudiar la carrera universitaria sino también para llevar a cabo la tesis doctoral o el master post-graduación.

Pero existe un problema: el económico. Una beca generalmente no supone una fuente de ingresos suficiente para poder subsistir adecuadamente en el país, y el programa oficial de becas establece que los estudiantes que las disfrutan no pueden tener trabajos a tiempo parcial. Si se reformase este punto, permitiendo que los estudiantes buscasen algún tipo de trabajo que les permitiera complementar los ingresos que supone la beca, unido a una potenciación de acuerdos de cooperación entre universidades chinas y universidades extranjeras, todo ello supondría un claro espaldarazo a un modelo que resultaría ventajoso para todas las partes, un modelo que también se vería reforzado permitiendo el acceso de más profesores extranjeros al país, aportando con ello no solo talento y unos métodos educativos de gran calidad, sino también un puente lingüistico.

Aunque el número de estudiantes extranjeros en el país ha aumentado constantemente en los últimos años, sigue haciéndolo aún a un ritmo muy bajo, y sólo el 1.8% de los estudiantes que -a nivel mundial- estudian fuera de su país lo hacen en China. Una serie de reformas como las que mencionábamos antes podrían transformar esta situación, creando una base de profesores y estudiantes extranjeros que, eventualmente, pueden convertirse en unos elementos enriquecedores para el conjunto de la economía, ya sea quedándose a vivir definitivamente en la propia China o retornando a su país de origen con un bagaje cultural y lingüistico que, a la larga, también supone un elemento clave a la hora de establecer los necesarios puentes culturales y empresariales entre el gran gigante asiático y occidente.


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