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HISTORIA - GACETA XIANZAI


Zheng Shi, la dueña del Mar de China


Por

Fernando García-Quismondo







Quizá muchos de nuestros seguidores ya hayan leído en alguna ocasión sobre los temibles piratas que asolaron el Mar de China en el pasado, y algunos incluso habrán visto la (horrible) película de Jackie Chan ambientada a principios del S.XIX en Hong Kong que trata sobre este tema. Sin embargo, hay un dato que no mucha gente conoce, y es que el pirata más terrible de los mares chinos a principios del siglo XIX fue... una mujer.

Su nombre aparece reflejado de varias maneras en los distintos libros y en la red, y lo más habitual es encontrarlo escrito como /Zhèng Shì/ o bien /Zhèng Yī Sǎo, ambos nombres en referencia a su matrimonio (y posterior viudez) del también famoso pirata /Zhèng Yī, aunque también es habitual encontrar una extraña occidentalización de su nombre como "Hsi Kai" o bien "Ching Shi". De hecho, algunos de nuestros seguidores que sean lectores asiduos de Jorge Luis Borges recordarán el cuento "La viuda Ching, pirata", una de las historias que forman parte de su libro "Historia universal de la infamia", en el que se recrea una versión ficticia de la vida de nuestra protagonista de hoy, Zheng Shi.

De origen humilde, Zheng Shi fue en su juventud prostituta en Cantón, donde fue hallada por el pirata /Zhèng Yī, quien se sintió irresistíblemente atraído no sólo por su belleza sino también por sus excelentes dotes negociadoras y organizativas, por lo que la convirtió en su concubina y posteriormente en su esposa entregándole como dote el 50% de los beneficios que se obtuvieran en sus incursiones piratas. Durante años este peculiar matrimonio asoló las costas de los mares de China y Vietnam hasta que en el año 1807 Zheng Yi falleció en una tormenta, lo que supuso que a partir de ese momento su viuda Zheng Shi se convirtiese en la dueña y señora de aquella flota pirata que habían formado entre ambos, una flota que rondaba ya por aquel entonces los 400 barcos.





Inteligente y manipuladora como decíamos, Zheng Shi sabía que tras la muerte de su marido su posición podía ponerse en entredicho por el hecho de ser mujer, por lo que poco después de enviudar, y junto a otros acuerdos, entabló una relación con el que había sido su hijo adoptivo y lugarteniente /Zhāng Bǎozǎi, con quien finalmente se casó para afianzar su dominio sobre aquella flota que en el año 1810 ya contaba con cerca de 50.000 hombres y un millar de barcos, de los cuales 200 eran grandes juncos capaces de surcar el océano armados con 20 o 30 cañones (para hacernos una idea comparativa, la famosa "Armada Invencible" española constaba de unos 127 barcos en total con menos de 30.000 hombres)

Unido a ese incuestionable poder naval, el otro pilar que sostuvo la supremacía de Zheng Shi fue su estricto y temible código de principios, que establecía por ejemplo la muerte para quien desobedeciera órdenes, robase del botín común o saqueara una ciudad que había dado apoyo a la flota. Entre aquellas feroces normas tuvo hueco para recordar su condición femenina, ya que también condenaba a muerte a quien violase a las mujeres que habían sido hechas prisioneras, aunque... con la extraña condición de que si la relación sexual había sido consentida por la mujer ella también era condenada a morir arrojada por la borda.

Incapaz de frenar la devastación y el pillaje que Zheng Shi realizaba en toda población costera o fluvial por la que pasaba, y harto de ver cómo los barcos que enviaba para acabar con ella terminaban hundidos o apresados en sus manos, el gobierno chino decidió en el año 1810 aliarse con Inglaterra y Portugal para formar una flota que pusiera fin a las andanzas de nuestra protagonista. Sin embargo, conocedor de que no sería una labor sencilla, antes de lanzarse a la campaña el emperador decidió plantear una posible amnistía a los piratas apelando a la condición de mujer de Zheng Shi con una oferta en la que -según las fuentes- le decía "si hay algo de mujer en tu corazón, algún día querrás vivir en paz y tener hijos. ¿Podría ser ahora?".

Seguramente -y de ser verdad esta historia- Zheng Shi no tuvo demasiado en cuenta ese argumento, pero tanto ella como su esposo Zhang Baozai decidieron que sería preferible aprovechar la situación y retirarse de tan peligrosa vida, así que aceptaron aquella oferta de perdón, una oferta a la que se unieron miles de sus hombres. El perdón imperial permitió al esposo Zhang Baozai pasar el resto de su vida en una cómoda posición como oficial en la armada imperial luchando contra la piratería (¿quién mejor que él para hacerlo?), mientras que Zheng Shi pasó a regentar un burdel y una casa de apuestas en su ciudad de origen Cantón hasta su muerte en 1844, pudiendo disfrutar durante aquellos más de treinta años del inmenso botín que había acumulado en su época de piratería, una época dorada entre 1807 a 1810 en la que ella, una mujer, fue la dueña y señora de los mares de China.

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